The London Spanish Book and Zine Fair

No es fácil conseguir que tu obra sea traducida a otros idiomas, sobre todo para autores independientes o sin el respaldo de una gran editorial. Sin embargo, la literatura en español tiene mucho mercado fuera de nuestras fronteras, desde españoles que viven en el extranjero hasta todo el mercado latinoamericano. Por eso, cuando me enteré de la existencia de una feria del libro en español en Londres, no me lo pensé dos veces. Era una oportunidad, llevo trabajando mis libros, con mucho esfuerzo, desde que comencé hace ya once años, y las dificultades no me arredran.  Si queréis saber a qué me refiero, podéis leer mis aventuras editoriales en Zenda, en una serie de siete artículos que rozan el esperpento. También he tenido claro siempre que nadie va a hacer el trabajo por mí, juego en otra liga, en esa en la que no hay campañas de márquetin ni aparición en suplementos ni recomendaciones de autores conocidos.

En situación parecida, aunque con menos aventura a cuestas, está mi colega y amiga la escritora Marina Lomar. Su obra Trampantojo, por universal, puede llegar a cualquier público y sería la compañera ideal. Aceptó de inmediato. Y, para que en cualquier caso el viaje, al menos, fuera divertido, se lo propuso a su prima Yolanda. Si la cosa no iba bien al menos habríamos pasado un fin de semana estupendo en Londres.

Escribimos con ilusión a las organizadoras, confiando en que nos aceptaran y no solo obtuvimos una respuesta positiva sino que se nos ofreció la posibilidad de, además de exponer nuestros libros, participar con alguna charla o taller en el transcurso de la misma.

Marina, que es siempre la de las grandes ideas docentes, pensó en hablar sobre cómo había evolucionado la literatura en el siglo XXI desde el punto de vista de la mujer, referido a muchos ámbitos distintos: la escritura, la lectura, la publicación, las temáticas… El título definitivo fue Literature and women in Spain during the 21 st. century – Literatura y mujer en la España del siglo XXI. Lo propusimos y nos lo aceptaron. Y allá que nos fuimos.



Habíamos alquilado un apartamento por medio de #Airbnb. Ahí estuvimos poco avispadas. Tenía de bueno que estaba a tres minutos de dónde se desarrollaría la feria, pero ahí acababan las ventajas. Algunos comentarios en la web ya presagiaban el desastre…

 


Lo cuento brevemente para que no caigan otros en la misma ratonera. Nada más llegar nos encontramos el primer problema: fue imposible contactar con quien alquilaba el apartamento. Estuvimos media hora en la calle, con las maletas, tratando de hablar con Mr. Akhan, el casero, para que nos diera las llaves. En la dirección facilitada solo veíamos una barbería y un restaurante coreano. Terminé entrando en la barbería, ya que era la dirección que teníamos, y con cierta incomodidad el barbero reconoció que tenía un juego de llaves. También nos facilitó la clave para entrar. Menos mal, porque comenzaba a llover. El apartamento, a más de sucio y en mal estado, tenía alguna característica de juzgado de guardia.



Las dos más relevantes, que el baño estaba prácticamente integrado en la cocina ―un varón con tino podría mear directamente mientras hacía un estofado con solo apuntar en la dirección correcta―, y que la altura del dormitorio no llegaba al 1,78, que es lo que mido yo, con lo que tenía que caminar agachada para no darme un coscorrón y recordarlo al despertarme para no estirarme del todo y abrirme la cabeza.

Pero, como digo, al menos estábamos cerca de la feria. Aprovechamos la mañana hasta la hora de la feria para dar una vuelta por los alrededores. Vislumbramos una iglesia del típico gótico inglés que nos había dejó con ganas de visitarla a la vuelta, pero no hizo falta. Resultó que ese sugerente lugar era donde se desarrollaba la feria. Exactamente en la Cripta de San Patricks.


En un ambiente ecléctico, alternativo y muy, muy solidario, los autores montamos nuestras mesas y aprovechamos para presentarnos y para conocer la obra de nuestros compañeros de feria, que también se interesaron por la nuestra: Trampantojo, El final del ave Fénix, Las guerras de Elena y Breverías. Éramos la curiosidad de la feria, ya que el resto de autores residían allí. Entre los asistentes, pequeñas editoriales, autores con años de experiencia pero fuera de los grandes circuitos, autores noveles autopublicados, otros traducidos a varios idiomas, propuestas innovadoras… Un conglomerado cultural atractivo y con buenas expectativas.

Las primeras dos horas fueron bastante tranquilas. Era horario laboral y se notaba en la afluencia de público. Entre quienes se interesaron por nuestra obra, una joven que también estaba en la feria como expositora, Daniela, con quien debatimos sobre la situación de la mujer en la España de la dictadura, sobre la vida de nuestras madres y abuelas que retrato en la saga de los Lamarc, sobre las mujeres de Trampantojo y sus soledades diversas. Enamorada de la historia moderna de España le interesó la historia de Elena Lamarc y se llevó El final del ave Fénix. Lo cuento porque, lo que no me esperaba, es que para el domingo hubiera terminado de leerlo y me escribiera un wasap de los que animan a continuar el camino. Sino, leedlo y me decís.

Pero no solo llevamos libros. Marina Lomar, como suele hacer con su Trampantojo, endulzó la jornada con el puro moro que simboliza su portada y bombones de chocolate, que, aunque volaron ―alguna vecina arrambló con la mitad de las existencias, su éxito no eclipsó la aceptación que tuvo su novela. Los temas que trata, universales, interpretados desde la visión femenina, despertaron el interés de los visitantes.

Comenzaron las charlas. Se expusieron temas interesantes sobre distintos aspectos que preocupan a los autores hispano hablantes o bilingües relacionados con el mercado británico; talleres sobre cómic, cuentos o poesía; actuaciones en vivo, alguna de las cuales la compartí en directo… El ambiente era estupendo, y la afluencia, a partir de las cinco de la tarde, tremenda. La cripta se convirtió en un hervidero multicultural de gente con hambre de libros en español. Las mesas se vaciaban y para cuando acabó la jornada, pasadas las siete de la tarde, dábamos el viaje por bien empleado. Y quedaba todavía un día más.

Cuando pensábamos que íbamos a pasar una tranquila velada, tuvimos la suerte de encontrarnos con un grupo de mujeres creativas, revolucionarias y acogedoras con las que habíamos estado hablando en la feria ―e intercambiado algún libro, que nos animaron a acompañarlas en una peculiar celebración. El grupo se denomina De lujurias y musas, y capitaneado por Patricia Cardona lleva a cabo interesantes reuniones para escribir relatos o poesías a partir de una idea común, cuyo resultado es el libro Encuentros junto al Támesis. De putas, locos y otros oficios, que se ha venido a España con nosotras y que presentaron la tarde del sábado en The feminist Library.



No imaginamos que acabaríamos hablando de sexo, política, mujeres creadoras y muchos otros temas interesantes, montadas en rickshaws y bebiendo champán, como si nos conociéramos de siempre. Nos unían muchas cosas, la principal, el idioma, pero también el amor a la cultura, a la literatura, el interés por escribir y contar historias y una mente abierta. Casualidades de la vida, una de ellas, Lola Llatas, era justo de al lado de Valencia, y mientras ella se ha quedado en Londres, su libro, Relatos intranquilos para viajeros ,se ha vuelto con nosotras.

Terminamos cenando en un restaurante colombiano y conversando sobre cómo es la vida para los expatriados en Londres y la preocupación que tienen con el Brexit. Regresamos caminando a nuestro lujoso aposento en el fin del mundo, animadas por la fresca noche londinense.

El sábado por la mañana Marina y yo éramos las encargadas de abrir el fuego con nuestra charla. Para no dejar desatendido nuestro puesto en la feria, la tercera del grupo, Yolanda, retrasó su jornada turística de ese día para quedarse al mando y vigilar que las gominolas no desaparecieran. La hora que nos asignaron no era buena en un día perfecto para hacer un brunch, pero tuvimos un público entregado y cómplice que no dudó en llevarse nuestros libros y continuar el debate finalizada nuestra exposición. Yolanda, experta en nuestros libros, también había reunido a un numeroso público.

Entre la gente interesante que conocimos, una de ellas venía del colegio Gabriel García Márquez, una escuela londinense donde los niños aprenden a hablar correctamente el español desde pequeños. Ignorábamos que existiera y fue una alegría saber que nuestros libros formarán parte de su biblioteca.

La víspera pensamos que igual podríamos salir a comer. Al final, decidí que, por si acaso, llevarnos unos sándwiches.

Menos mal, porque a las doce aquello era una fiesta de público, de actividades interesantes y productivas. De no ser por ese tentempié nos habríamos quedado sin comer, porque era impensable irse de allí.

Para el final de la tarde, tras unas actuaciones maravillosas y un recital de poesía leída por distintos participantes, llegó el momento de recoger. Poco quedaba: tanto los libros como los bombones y gominolas estaban prácticamente agotados. Dejamos la feria contentas, con la sensación de que los objetivos se habían superado y con contactos muy interesantes.


Se notó el cariño y esfuerzo de los organizadores, que realizaron un trabajo fantástico. Las promotoras, Brenda Naso y Silvia Demetilla de La Tundra Revista, estuvieron en permanente contacto para resolver dudas y dar información. Se esforzaron en promocionarlo en todas las redes a su alcance y lo mismo hicimos los autores, en una sinergia común. Desde aquí aprovecho para agradecerles la iniciativa, el apoyo constante y el cariño con que nos trataron. Y a Matías Galán por las fotos que nos han hecho llegar y que son un precioso recuerdo de estos días.

Terminamos la noche celebrando el éxito en un típico pub inglés donde actuaba un grupo musical increíble. Ríete de los años: auténticos profesionales que pusieron a bailar y cantar a todos los parroquianos. Una forma estupenda de acabar la feria.


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